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Miengo

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Situacion geográfica

Miengo ocupa la costa central de la Honor. Su superficie desciende desde el alto de Carriazo y la Loma de Humilladero hasta el mar, donde penetra la Punta del Águila como un largo corredor que separa la playa de Usgo de la ría de Mogro. El arroyo de Socueva, que nace en la divisoria con Mogro y Gornazo, define el límite de Miengo por el este. Por el oeste, el monte Centinela y la Sierra separan Miengo de Cuchía y completan la superficie del pueblo más grande de nuestro municipio.

Historia

Miengo es el centro administrativo actual y el primer nombre conocido que recibió en la Edad Media la tierra donde vivimos hoy. El nombre de Miengo es el que aparece con más frecuencia y antigüedad en los documentos que nos hablan sobre nuestro pasado milenario. En ellos se hace referencia a la extracción de la sal en "Meriego", "Mengo", "Menico", "Miergo", que al menos de esas formas diferentes se encuentra manuscrito varias veces antes del año 1000, señalando propiedades y derechos de diferentes monasterios sobre este entorno costero, un territorio que probablemente se identificaba con el espacio comprendido entre la desembocadura de ríos Besaya y Pas, donde además de hacerse sal, debía registrase una interesante actividad pesquera y portuaria.

Los monasterios eran los centros económicos y culturales más importantes en aquellos lejanos tiempos. En Miengo estaba el monasterio de San Fructuoso, fundado en el año 988, y probablemente ubicado, según los estudiosos, entre el barrio de Carriazo y Carabias, por donde pasaba uno de los caminos principales que enlaza las barcas de Mogro y Cudón. Por los mismos años había más monasterios en Miengo y otros pueblos de municipio, lo cual demuestra el interés por vigilar y aprovechar los importantes recursos económicos que proporcionaba nuestro entorno.

La iglesia parroquial de San Miguel en Miengo, de cuya existencia se sabe por lo menos desde el siglo XII, está casi en el centro geográfico de este pueblo diseminado a lo largo de sus caminos, de cuya evolución en mil años nos queda mucho por aprender.

Aunque hay muchos motivos para pensar en la importancia estratégica y económica de Miengo, lo cierto es que estas circunstancias no fueron suficientes para que se convirtiera en una en una villa de cierta entidad como las hubo en otros lugares de la costa cántabra. Sin embargo, entre Miengo y Mogro sumaban más de 120 vecinos a finales del siglo XVI, la mitad de toda la Honor, una cifra respetable para la época teniendo en cuenta que una villa como Torrelavega, donde estaba el juzgado y la cárcel de esta comarca, no pasaba de los 50 cabezas de familia, prácticamente los mismos vecinos que había en el pueblo de Miengo.

La población de Miengo continuó oscilando en torno al medio centenar de vecinos, algo más de 200 habitantes, durante varios siglos. Ningún factor aparente alteró esta tendencia a seguir más o menos como siempre, ni siquiera cuando el pueblo se convirtió oficialmente en la capital oficial de la Honor y sede del Ayuntamiento, un capítulo de su historia que sí tendría consecuencias importantes a largo plazo.

Hasta el siglo XIX, Miengo fue, a efectos administrativos, un pueblo más de la Honor, un concejo con un regidor al frente encargado de velar por los intereses de los vecinos. Como los demás regidores, el de Miengo asistía en Torrelavega a las reuniones de los pueblos comarcanos de esta Jurisdicción tutelada por la Casa del Infantado. Sin embargo, la Honor de Miengo era desde tiempo inmemorial una entidad con nombre propio, compuesta por los seis pueblos que la forman en la actualidad, y dotada por tanto de una arraigada personalidad histórica. Sea por estos motivos históricos, o por sus peculiares circunstancias geográficas, lo cierto es que la Diputación confirmó en 1821, al Ayuntamiento de Miengo como uno de los 123 que formaban la entonces Provincia de Santander.

Este cambio en la administración del municipio que certificó la capitalidad de Miengo no tuvo grandes consecuencias inmediatas. Cierto es que en Miengo estaba la escuela de primeras letras, pero por lo demás seguía siendo un pueblo con 63 casas donde los vecinos trabajan afanosamente en la cría del ganado y en las actividades agrarias básicas para la subsistencia.

En esos años centrales del siglo XIX, Miengo recibió con mucha frecuencia y durante bastante tiempo, la visita de José Posada Herrera, un personaje de gran relevancia política en aquellos momentos. Fue Ministro, Embajador ante la Santa Sede, Presidente del Congreso de los Diputados, Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Gobierno, entre otros diferentes cargos. Posada Herrera fue uno de los primeros turistas que hizo de Miengo su lugar de veraneo. Aquí montaba a caballo, paseaba y tomaba baños de mar, como queda documentado en su correspondencia. Posada Herrera tenía muchas propiedades en Miengo, compradas y heredadas, pues su familia materna era del linaje de los Herrera, cuya casa solar fue una segunda casa que alternaba con Madrid y Llanes.

En el barrio del Campo se conserva precisamente la Casona de Torre Herrera, que no fue la única de esta familia en Miengo. De este linaje de los Herrera nacieron muchos personajes que ocuparon importantes cargos en el ejército, en la administración pública y en la jerarquía eclesiástica: capitanes, inquisidores, canónigos, corregidores, altos funcionarios que vivieron la mayor parte de sus días lejos de Miengo, pero han dejado su particular rastro en la historia.

Las actividades económicas, la población y la vida cotidiana de los vecinos de Miengo fue esencialmente la misma, aunque recibieran periódicamente la visita de uno de los personajes más importantes e influyentes de España. Al igual que en los demás pueblos del municipio, habría que esperar al siglo XX para ver grandes cambios en Miengo, unos cambios que se reflejaron intensamente en la población, pasando de los 361 habitantes en 1900 a los 822 en 1950. El censo continuaría creciendo hasta el año 1970 con más moderación, llegando casi al millar de habitantes y siendo con creces el lugar más poblado de nuestro municipio.

Llegaría, sin embargo, la crisis y una pérdida de habitantes que se prolongó hasta la década de los 90, cuando Miengo llegó a tener menos población que en 1950. Fueron años difíciles para el empleo y la vivienda, una época de inactividad, más evidente si cabe en todas las obras públicas que estaban por hacer. Ni siquiera la finalización de la autovía entre Santander y Torrelavega fue un revulsivo inmediato para Miengo, ya que su población censada era prácticamente la misma en los años 1981 y 1996.

Futuro

Han tenido que confluir varios factores para que Miengo vuelva a crecer en todos los sentidos. De poco sirve tener una autovía cerca si no hay abastecimiento de aguas, saneamientos y buenas carreteras, si no se pueden construir viviendas porque no hay los servicios más elementales. Con todas estas carencias estaba Miengo hasta hace unos años, una situación que ha cambiado totalmente en la última década. Ahora Miengo tiene la población censada más elevada de su historia, en el pueblo vive el 25% de la población municipal y sus valores turísticos y residenciales son cada vez más firmes.

En el revulsivo de Miengo han sido muy importantes las obras públicas. La total reforma de la carretera entre Mar y Mogro es la mayor evidencia de este cambio, pero no es la única actuación importante. El suministro y de la depuración de las aguas residuales son imprescindibles para que un pueblo puede crecer y tener futuro. Con este objetivo se ha trabajado en Miengo y en los demás pueblo del municipio.

Por supuesto que Miengo tiene a su favor el hecho de ser el centro geográfico y administrativo de la Honor y la sede de algunas importantes dotaciones. En Miengo está la biblioteca, un centro de mayores, una guardería, la escuela de cerámica, la sala de exposiciones Robayera.

A estos servicios administrativos, sociales y culturales une Miengo su atractivo como centro turístico. La playa de Usgo y el paisaje costero son sus principales puntos de interés, un entorno litoral bien conservado y de considerables proporciones que es patrimonio de futuro para vecinos y visitantes. No falta en Miengo un incipiente desarrollo del comercio, como es lógico en un lugar donde crece la población y la actividad económica.

Miengo reúne condiciones idóneas para seguir creciendo moderadamente en los próximos años, gracias a su potencial como centro administrativo, turístico y residencial, un desarrollo que debe ser ordenado y coherente con la conservación del paisaje y el medio ambiente, como máxima garantía de progreso colectivo a medio y largo plazo.

En este modelo que procura compaginar el desarrollo de Miengo con la conservación de sus mejores recursos, hay que dar prioridad a las necesidades más básicas de nuestros vecinos y una de estas necesidades es una mayor oferta de viviendas protegidas. Por ello se está gestionando en este pueblo la construcción de 30 viviendas de estas características, el 15% de las disponibles en los próximos años.

El aumento de población que tendrá Miengo en los próximos años no será el único factor positivo para el dinamismo de sus actividades económicas. Todo el corredor costero formado por Cuchía, Miengo y Mogro contará con nuevas instalaciones deportivas, culturales y sociales que, al margen de localizarse en un lugar o en otro, siempre aportan beneficios a los pueblos vecinos.

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